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lunes, 25 de febrero de 2013

Para que nunca falte esa vieja luna.

Subo despacio los desgastados escalones de mármol blanco de la vieja casona habanera donde nací y me detengo justo a la puerta frente a la escalera. Escucho que desde dentro de la habitación una antigua y deteriorada  radio deja escapar las notas de la canción “Vieja luna” en la voz del cantante venezolano Manuel Alfredo Sánchez Luna, conocido por el nombre artístico de  Alfredo Sadel. Descorro despacio la cortina que me separa del interior que encuentro vacío y en penumbras y me siento al borde de la cama cerrando los ojos.
La melodiosa voz que escucho, me permite reconocer que mis apenas doce años dan para asociar aquella combinación de sonidos tan agradables con el recuerdo de alguien quien te ha enseñado de su valor sentimental,  cuando tanto le has escuchado, a la vez que me ayudara a incluirle en el archivo musical que desde entonces guardo en mi memoria para toda la vida. A mi abuela materna debo el haber conocido aquella canción, como también debo haber conocido en la voz de Sadel, canciones como Frenesí, Perfidia y la que indudablemente le unió a Cuba para siempre, Alma libre del compositor Orlando de La Rosa y que grabara con el gran Benny Moré.
Pasado muchos años volví a recordar a Alfredo Sadel cuando en el disco “Mi sueño” Ibrahim incluyera “Alma libre”, tema que siempre quiso grabar y nunca tuvo  oportunidad. Recuerdo en Barcelona estando en el hotel donde se hospedaba en su última gira, por él conocí los temas que incluían aquel disco por el que se presentaba en Europa y la razón de que “Alma libre” estuviera entre ellos por supuesto se debía a la gran admiración que sentía por Benny Moré y aquel episodio que viviera con Sadel allá por mil novecientos cincuenta y cinco cuando este fue a grabar a la Habana en el circuito CMQ y Benny no aparecía por ningún lado. Vivencias más que recuerdos, contadas por sus protagonistas algo que sin lugar a dudas es un privilegio.
De aquella relación que vivió Alfredo Sadel con Cuba, muchas cosas bellas quedaron para siempre, entre ellas, las grabaciones del programa radial que durante algunos años presentó y que le hiciera muy popular, además de granjearle muchas admiradoras. Los grandes boleros que cantara y su retorno a la isla en 1978.
“Lo bueno no pasa” así dice la sabiduría popular en Cuba , también dice que “De casta le viene al galgo” o “De tal palo tal astilla” y lo hace para dejar sentado que lo que vale, tiene que perdurar para ejemplo y eso se ha cumplido con creces en la herencia dejada por Alfredo Sadel. Su continuidad es la voz de su hija Elvia Sánchez, excelente cantante lirica como lo fuera su padre, pero también excepcional interprete de boleros y lo que más sorprende de esta gran artista es su sencillez en el plano personal, algo que dice mucho de ella y de lo bien puesto que tiene los pies sobre la tierra, menos no puede esperarse de alguien que proviene de semejante escuela como la que representa la figura del gran Alfredo Sadel.  
Esto lo puedo afirmar porque la experiencia la he vivido hace muy poco tiempo junto a Juan Antonio Castillo, pianista cubano con quien desde hace ya algunos años trabajo, hemos compartido una magistral interpretación, acompañada por las notas del piano de aquella canción que tantos recuerdos de mi niñez y adolescencia me traía, “Vieja luna”  en la voz de Elvia Sánchez, quien haciendo gala de registros musicales tan cercanos a los de su padre le honra en  el recuerdo y en sus vivencia.
Poco más puedo decir del talento de tan gran artista para tan solo agragar:
¡Que por muchos años sea y que sus éxitos sean incontables!, es lo que más deseamos los que le conocemos y disfrutamos de su arte.
Oniel Moisés
Madrid 25 de Febrero 2013

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